Enseñanza del Mes

Diciembre

MI NATURALEZA

       Hace tiempo escribí un artículo titulado “Yo, visto por mí mismo”. A diferencia de aquel artículo, que fue escrito desde un punto de vista objetivo, esta vez pretendo describir, de manera subjetiva, mi estado de ánimo tal y como es.

Actualmente, creo que no hay nadie tan feliz como yo y mi gratitud hacia Dios es constante y profunda. ¿Cuál es la causa de mi felicidad? De hecho, no soy una persona común, sobre todo porque Dios me ha confiado una gran misión y me esfuerzo día y noche para cumplirla.

Todos los miembros de la Iglesia saben que, a través de ella, un incontable número de personas está siendo salvado. Sin embargo, existe un secreto de la felicidad que es fácil de practicar para cualquier persona o, mejor dicho, para quienes no tienen una misión especial como yo. En primer lugar, deseo abrir mi corazón mostrando lo que es fundamental en mi interior.

Desde joven me gustaba dar alegría al prójimo, hasta el punto de que se convirtió casi en un hobby para mí. Siempre estoy pensando en qué debo hacer para que las personas sean felices. Por ejemplo, cuando me despierto por la mañana, mi primera preocupación es saber cuál es el estado de ánimo de mis familiares. Si hay una sola persona de mal humor, ya no me siento bien.

En la sociedad ocurre justamente lo contrario: son los familiares los que se preocupan por el estado de ánimo del jefe de la casa. Como yo actúo de forma opuesta, eso me parece extraño e incluso me entristece un poco. Por lo tanto, para mí es muy doloroso escuchar insultos, gritos de ira, quejas y lamentos. También me resulta difícil escuchar repetidamente el mismo tema. Siempre soy pacífico, feliz y detesto el apego. Esta es mi naturaleza.

El resultado de lo que acabo de exponer es uno de los factores determinantes de mi felicidad. Por esta razón, siempre afirmo: “Si no hacemos feliz al prójimo, no podremos ser felices”. Creo que mi mayor objetivo, el Paraíso Terrestre, se hará realidad cuando mi estado de ánimo encuentre resonancia y expansión en el corazón de todos los seres humanos.

Me siento un poco incómodo por el hecho de que este artículo parezca un elogio a mí mismo, pero, si después de leerlo, aporta algún beneficio a las personas, estaré satisfecho.

Por Meishu-Sama, 30 de Enero de 1950
Colección Cimiento del Paraíso, Volumen 1