Hace algún tiempo escribí un artículo titulado “Yo, visto por mí mismo”. A diferencia de aquel, que fue escrito desde un punto de vista objetivo, esta vez pretendo describir, subjetivamente, mi estado de ánimo tal como es.
Actualmente, creo que no existe una persona tan feliz como yo, y mi gratitud a Dios es constante y profunda. ¿Cuál será la causa de mi felicidad? De hecho, no soy una persona común, sobre todo porque Dios me ha atribuido una grandiosa misión, y me esfuerzo día y noche para cumplirla. Todos los miembros de la Iglesia saben que, a través de ella, un número incalculable de personas está siendo salvado. Sin embargo, existe un secreto de la felicidad que es fácil de practicar para cualquier persona, o mejor dicho, para quienes no tienen una misión especial como la mía. Primeramente, deseo abrir mi corazón y mostrar aquello que es una tónica en mi interior.
Desde joven me gusta dar alegría al prójimo, al punto de que esto se ha convertido casi en un pasatiempo para mí. Siempre estoy pensando en qué debo hacer para hacer felices a las personas. Por ejemplo, cuando me despierto por la mañana, mi primera preocupación es saber el estado de ánimo de mis familiares. Si hay una sola persona de mal humor, ya no me siento bien. En la sociedad ocurre justamente lo contrario: son los familiares quienes se preocupan por el estado de ánimo del jefe del hogar. Como procedo de forma opuesta, considero esto extraño e incluso siento algo de tristeza. Por lo tanto, para mí es muy penoso escuchar insultos, gritos de ira, quejas y lamentaciones. También me resulta difícil oír repetidamente un mismo asunto. Siempre soy pacífico, feliz y abomino el apego. Esta es mi naturaleza.
El resultado de lo que acabo de exponer es uno de los factores determinantes de mi felicidad. Por este motivo, siempre afirmo: “Si no hacemos feliz al prójimo, no podremos ser felices”. Creo que mi mayor objetivo —el Paraíso Terrestre— se concretará cuando mi estado de ánimo resuene y se expanda en el corazón de todas las personas.
Me siento algo incómodo porque este artículo puede parecer un autoelogio, pero si después de leerlo puede aportar algún beneficio a las personas, quedaré satisfecho.
Por Meishu-Sama, 30 de Enero de 1950
Colección Cimiento del Paraíso Vol. 1