Enseñanza del Mes

Marzo

EL ESPÍRITU PRECEDE A LA MATERIA

      […] El ser humano está constituido por la unión e integración entre el cuerpo y el espíritu. […] Así como el cuerpo es una existencia del Mundo Atmosférico, el espíritu es una existencia del Mundo Espiritual. Este mundo, como expliqué, es transparente, más sutil que el aire y semejante a la Nada. No obstante, lejos de ser la Nada, en realidad es la fuente generadora de la fuerza infinita y absoluta, que, por ahora, llamaremos fuerza cósmica. […] Todo lo que existe en el Universo es creado y desarrollado por la fuerza cósmica y, al mismo tiempo, al acumularse impurezas, estas son sometidas a purificación. Es como la acumulación de suciedad en el cuerpo humano, que necesita de un baño. Por lo tanto, cuando se aglomeran impurezas en el Mundo Espiritual de la Tierra, estas se concentran en un punto determinado y allí surge la acción purificadora de la tormenta, que realiza la limpieza. Los incendios provocados por rayos y por el ser humano tienen la misma función. Lo mismo ocurre con el ser humano: si hay acumulación de impurezas, surge la acción purificadora, que se desencadena a partir del espíritu.

Las impurezas, es decir, las nubes espirituales, son opacidades que aparecen en el espíritu, que es un cuerpo transparente. Existen dos tipos de nubes espirituales: 1) aquellas que surgen en el propio espíritu y 2) aquellas que son proyectadas desde el cuerpo físico. Veamos la primera.

El núcleo del espíritu humano está constituido por tres capas concéntricas. Explicándolo desde el centro, su núcleo es el alma, que […] a su vez, […] está envuelta por la conciencia y esta, por el espíritu. El estado del alma se refleja en el espíritu a través de la conciencia, y el estado del espíritu se refleja igualmente en el alma mediante la conciencia. De este modo, el alma, la conciencia y el espíritu están interrelacionados, constituyendo una trinidad. Evidentemente, todas las personas hacen tanto el bien como el mal a lo largo de la vida. Si la práctica del mal es mayor que la del bien, el saldo entre ellas constituirá el pecado, que se reflejará en el alma y se transformará en nube espiritual. Por esta razón, posteriormente, se forman nubes en la conciencia y, después, en el espíritu. Luego, con el surgimiento de la acción purificadora, ocurre la eliminación de esas nubes. […]

Pasemos ahora al segundo tipo de nubes, es decir, aquellas que se proyectan del cuerpo hacia el espíritu. En este caso, primeramente la sangre se vuelve turbia y, como consecuencia, surgen nubes en el espíritu. Originalmente, la sangre del cuerpo humano es la materialización del espíritu; a la inversa, el espíritu es la espiritualización de la sangre. En otras palabras, espíritu y materia están integrados. Así, cuando las nubes se condensan y se reflejan en el cuerpo, se transforman en sangre turbia y, al volverse aún más densas, se convierten en nódulos. Estos, después de disolverse y licuarse, son eliminados por diversos puntos del cuerpo. El dolor y el sufrimiento resultantes de este proceso constituyen lo que llamamos enfermedad. De esta manera, lo que se proyecta desde el cuerpo físico es la sangre turbia.

Entonces, ¿por qué surge la sangre turbia? La causa es bastante sorprendente: son los medicamentos […]. Si la sangre turbia existente en el cuerpo se refleja en el espíritu en forma de nubes espirituales y estas se convierten en la causa de las enfermedades, el propio método de curar las enfermedades termina siendo el medio para crearlas. No se logrará la erradicación completa de las enfermedades si, en primer lugar, no se eliminan las nubes del espíritu, ya que la ley universal establece que el Espíritu Precede a la Materia. Nuestro método, que es la aplicación de esta ley, cura completamente las enfermedades a través de la purificación del espíritu. Por esta razón, se llama Johrei, que significa “purificación del espíritu”. […]

Por lo expuesto, creo que han comprendido la relación entre espíritu y materia.

Por Meishu-Sama, el 15 de Agosto de 1951.

Cimiento del Paraíso, Vol. 1