Enseñanza del Mes

Noviembre

LA REENCARNACIÓN

      El tiempo que el ser humano tarda en reencarnar es bastante variable. Y la causa de esa variación es la voluntad de cada persona. Por ejemplo, en el momento de la muerte, cuanto más apego tiene una persona a este mundo, más pronto reencarna. Sin embargo, las consecuencias no son buenas.

Dado que el Mundo Espiritual es el lugar donde el proceso de purificación se realiza con mayor rigor, cuanto más tiempo permanezca allí el espíritu, más purificado se volverá. Y, cuanto más purificado esté el cuerpo espiritual al reencarnar, más feliz será la persona.

Así pues, en el caso de una reencarnación prematura, debido a que aún quedan impurezas, el proceso de purificación deberá realizarse después de que la persona vuelva a este mundo. Evidentemente, la purificación en el mundo material se manifiesta en sufrimientos como enfermedades, pobreza e infortunios; en consecuencia, la persona tendrá un destino infeliz.

El hecho de que una persona sea feliz o no desde su nacimiento, en la mayoría de los casos, se debe a lo que acabamos de explicar. Es necesario comprender, por tanto, que la felicidad o la infelicidad no son meras casualidades, sino que existen razones para ello.

Hay otra causa para la variación en el tiempo de reencarnación. Cuando los familiares, parientes y descendientes del fallecido le rinden homenajes póstumos y ofrecen cultos de sufragio con todo amor y sinceridad, o cuando se esfuerzan en acumular virtudes practicando el bien, ayudando al prójimo con amor y compasión, o cuando trabajan en beneficio de la sociedad, tales prácticas contribuyen a acelerar el proceso de purificación de esos espíritus.

Por ese motivo, la expresión del amor y de la devoción filial hacia los padres no debe limitarse al período en que ellos se encuentran en este mundo. En verdad, expresar el amor y la devoción después de su fallecimiento, por medio de cultos y de la acumulación de virtudes, es aún más significativo.

En general, suele decirse: “Cuando los hijos desean practicar la devoción filial, sus padres ya se han ido”, pero eso ocurre porque se desconoce la realidad del Mundo Espiritual. (…)

Por Meishu-Sama, 23 de Octubre de 1943

Colección Cimiento del Paraíso, volumen 3