Enseñanza del Mes

Octubre

PERFECCIÓNESE CONSTANTEMENTE

      El ser humano debe procurar siempre desarrollarse y perfeccionarse, especialmente aquellos que tienen fe. Sin embargo, en la sociedad, quien habla de temas religiosos o relacionados con la fe es considerado anticuado o pasado de moda. No podemos negar que esa ha sido una tendencia entre los creyentes de las religiones de hasta ahora. Pero en el caso de nuestros miembros, ocurre exactamente lo contrario; mejor dicho, tienen el deber de aspirar a ser lo opuesto.

Observemos la Gran Naturaleza: ella se renueva y se desarrolla ininterrumpidamente. Año tras año, la población humana aumenta y las tierras van siendo cultivadas. Los medios de transporte, las construcciones, las máquinas, todo avanza; nada permanece estancado. Las hierbas y los árboles crecen hacia el cielo, y ninguno de ellos apunta hacia abajo. Siendo así, ya que todo en la Naturaleza está en constante desarrollo y perfeccionamiento, el ser humano debe aprender de ella. Esa es la Verdad.

En este sentido, yo me esfuerzo al máximo para no descuidar mi propio desarrollo y perfeccionamiento: este mes, más que el mes pasado; este año, más que el año anterior.

Sin embargo, progresar únicamente en la parte material —es decir, en los negocios, en la profesión o en la posición social— se asemeja a algo sin solidez, que flota como una planta sin raíz. Por lo tanto, se hace indispensable buscar el desarrollo espiritual, o sea, el perfeccionamiento de la personalidad. Teniendo esto en mente, el ser humano debe procurar perfeccionarse a sí mismo, paso a paso, sin apresurarse. Es importante no impacientarse. Aunque ese perfeccionamiento se produzca poco a poco, con el tiempo, sin duda, llegará a ser una persona admirable. En realidad, el solo hecho de buscar ponerlo en práctica ya lo convierte en tal. Actuando de esa manera, sin duda ganará la confianza de los demás, todo le saldrá bien y será feliz.

Hablar así puede sonar, para los jóvenes de hoy, como una moral anticuada y superada, pero ocurre todo lo contrario: quien logra hacerlo es, en verdad, un ser humano en constante renovación y desarrollo. Cuando observo a las personas basándome en este criterio, siento que muchas son retrógradas. Sus pensamientos y temas de conversación son siempre los mismos, sin mostrar ningún cambio o progreso. Encontrarme con personas así no me resulta interesante, pues se limitan a hablar de cosas triviales, sin mencionar temas como religión, política, filosofía y mucho menos arte.

Notamos que la mayoría de las personas en el mundo son así. No es nuestra intención condenarlas, pero espero que, al menos, nuestros fieles no tengan una conducta tan anticuada, ya que no aprecio ese tipo de actitud. De hecho, me parece que son pocos los que actúan de esa manera.

Como todos saben, en este momento de transición del mundo, nuestra religión —con el propósito de salvar a la humanidad— se esfuerza en despertar a las personas de su cultura equivocada y en construir un mundo nuevo e ideal. Por consiguiente, es necesario que todos busquen convertirse en personas que se renuevan y se desarrollan constantemente. Ese es el sentido de mi acostumbrado consejo: es preciso transformarse en una persona poseedora de la cultura propia del siglo XXI.

Por Meishu-Sama, 11 de Octubre de 1950
Colección Cimiento del Paraíso, Volumen 3