Enseñanza del Mes

Octubre

LA MALA CONDUCTA DE LOS NIÑOS

      Actualmente, la mala conducta de los niños es considerada un problema social, pero todavía no hemos encontrado una respuesta adecuada a este respecto. Las teorías actuales y variadas para prevenir la mala conducta siguen siendo muy superficiales, y el hecho de que ninguna haya tocado el núcleo de la cuestión es lamentable. Presentaré lo que creo que es el método absoluto de prevención.

Antes que nada, es necesario dejar muy clara la causa fundamental del problema. Para ello, debemos pensar en la relación entre padres e hijos. En términos más claros, si el padre es el tronco del árbol, el hijo es la rama; por lo tanto, no hay nada más absurdo que esforzarse por evitar que la rama se pudra mientras se descuida el tronco. Es una actitud insensata. Tener plena conciencia de que la causa está en los padres es la condición básica para resolver el problema de la mala conducta de los niños.

En primer lugar, hagamos un análisis desde la parte espiritual. Como siempre he dicho, los padres y los hijos están conectados por lazos espirituales. En consecuencia, si los espíritus de los padres están maculados, a través de esos lazos, los espíritus de los hijos también lo estarán. Esta es la causa de la mala conducta de los niños. Por lo tanto, el mejor método para evitar dicha conducta es asegurar que el espíritu del hijo no esté maculado, y para lograrlo, es necesario que los padres mantengan limpio su propio espíritu.

Al desconocer este principio, los padres adoptan pensamientos erróneos y, conscientemente o no, cometen pecados que originan impurezas espirituales que luego transfieren a los hijos. Por lo tanto, es necesario que los padres piensen constantemente en hacer el bien y actúen correctamente, preocupándose siempre por moldear su propio carácter. Afirmo que, además de este, no hay otro método eficaz.

He presentado la interpretación fundamental desde el aspecto espiritual. Ahora, explicaré desde el ángulo material.

Los hijos aprenden de los padres y tienden a imitarlos. Por esta razón, si los padres piensan y practican la deshonestidad y la maldad, por más hábilmente que escondan esos pensamientos y prácticas, como viven bajo el mismo techo, es seguro que un día los hijos se darán cuenta. Es obvio, por lo tanto, que empiecen a pensar: “Si nuestros padres hacen estas cosas, ¿qué mal hay en que nosotros también las hagamos?”

En resumen, no es incorrecto decir que la mala conducta de los hijos proviene de la mala conducta de los padres. Desde esta perspectiva, solo podemos afirmar que la mala conducta de los hijos revela la mala conducta de los padres. Padres, reflexionen sobre esta lógica: si desean que sus hijos sean buenos, primero conviértanse en buenos padres.

Por Meishu-Sama, el 22 de Abril de 1950

Colección “Cimiento del Paraíso”, Volumen 5