Enseñanza del Mes

Septiembre

PRAGMATISMO

      En mi juventud, aprecié mucho la filosofía. Entre las diversas teorías filosóficas, la que más me atrajo fue el pragmatismo, del renombrado norteamericano William James. El pragmatismo podría traducirse como “filosofía en acción”. Según James, la mera explicación de teorías filosóficas no es más que una especie de entretenimiento. Para él, la filosofía solo tiene valor cuando se manifiesta a través de la acción. Creo que esta teoría es interesante porque tiene en cuenta la realidad, lo que muestra una característica de los filósofos norteamericanos. En esa época, simpatizaba, por lo tanto, con su pensamiento y me esforcé por incorporar la filosofía a mi trabajo y, hasta cierto punto, a la vida cotidiana. De esta manera, el beneficio que el pragmatismo me proporcionó no fue pequeño. 

Más tarde, al profesar la fe, comencé a considerar la necesidad de extender el pragmatismo a la religión, es decir, aplicar la religión al día a día. Podemos imaginar cuán grandes beneficios nos proporcionaría la introducción del espíritu religioso en todas las actividades. Por ejemplo, el político, libre de intereses personales, no cometería deshonestidades y, dado que buscaría la felicidad del pueblo, obtendría la confianza de todos, y la política fluiría bien. El empresario realizaría sus actividades con honestidad, lo que le proporcionaría una amplia credibilidad, y sus negocios progresarían con solidez porque trataría a sus empleados con amor, y ellos trabajarían con dedicación. Por realizar su trabajo con una sólida fe, el educador sería respetado por sus alumnos, ejerciendo sobre ellos una notable influencia. Al actuar basados en la fe, los funcionarios públicos y los empleados de empresas privadas realizarían un buen trabajo y serían promovidos. A través de sus obras, el artista expresaría refinamiento y emitiría una elevada vibración espiritual, ejerciendo una buena influencia sobre el público. El actor, al estar centrado en la fe, manifestaría un arte refinado; con ello, los espectadores serían influenciados positivamente y cultivarían una sensibilidad y conciencia elevadas. Sin embargo, todo esto debe ocurrir sin rigidez didáctica, de manera bastante divertida e interesante, siempre con buen humor. 

Además, es fácil imaginar que, al manifestar la fe a través de acciones, la persona, sin distinción de profesión o situación social, mejoraría su destino y prestaría relevantes servicios a la sociedad. 

Me gustaría llamar la atención sobre un hecho: al aplicar la religión al cotidiano, no se debe ostentar la fe, pues eso causa rechazo. Principalmente, los fieles fervorosos en demasía deben tener este cuidado. Existen individuos que insisten en exhibir su fe, pero eso es desagradable para las personas a su alrededor. Lo ideal es no aparentar ser religioso y comportarse como una persona común. Solo deben ser más amables con las personas, causarles una impresión agradable y manifestar más nobleza en sus palabras y actos. En resumen, que la fe no sea ni agresiva ni grosera. […]

Por Meishu-Sama, 5 de Septiembre de 1948

Colección Cimiento del Paraíso, Volumen 4